Esta(e)mos tristes

por Mariana Pernisi*

Del imperativo de estar feliz y otros sentires.

Cansada de la censura a la tristeza se me ha dado por problematizarla.

¿Por qué no podemos estar tristes? Partiendo de que la concepción de estar no es la del ser ¿Qué nos pasa con los momentos de tristeza? con momentos hablo de períodos y no de minutos, claro. ¿Por qué necesitamos con urgencia tapar, evadir, reprimir y hasta incluso ilusionarnos con superar y olvidar la tristeza?

No somos tristes, estamos tristes. Los motivos de la tristeza son los más diversos. Desde los universales hasta los más particulares o singulares. Desde la muerte, la distancia, la pérdida, la separación, el exilio, la enfermedad, hasta los finales de los libros, series o películas, la imagen distorsionada que nos devuelve el espejo, un corte de pelo que no nos gusta o el trillado “se me quebró una uña”.

Estamos tristes, y en general estamos solos. La tristeza reafirma o pone sobre la mesa la soledad estructural, esa que no podemos hacer más que aceptar, pero que día a día nos empeñamos en combatir. Educados en la cultura del al menos de a dos, la soledad se nos presenta como esa oscuridad, frente a la cual por más grandes que estemos nos sentimos desvalidos.

La cultura “posmo” del hiper consumo vende pócimas para la felicidad todo el tiempo. Nos frustra con sus comerciales ideales – irrealizables y nos vende pedacitos de ficción para contentarnos momentáneamente. Anestésicos para el dolor. Y también para la felicidad.

Hemos patologizado la tristeza. Querer estar en la cama, no tener hambre, elegir no salir por varios fines de semana, o no bañarse un día, son claros síntomas de estar cursando un cuadro depresivo. Su contra cara, la ansiedad que genera la obligación de rendir (la ansiedad que genera la obligación de producir me animo a agregar). Marche entonces receta doble, antidepresivo – ansiolítico, anestesie su vivencia de estar vivo, crea que vive, rinda y produzca, y hágalo feliz por favor.

Los sobre diagnósticos de crisis de pánico, los estados de ansiedad generalizada, la depresión como amenaza y el famoso y prestigioso estrés. El cuerpo nos habla y nos pide ser escuchado, sordos a su decir cambiamos síntomas como figuritas de un álbum que nunca termina por completarse. Es cierto que son tiempos más destructivos y solitarios de la especie, con la ilusión de la falsa compañía que nos regalan las redes sociales y los medios masivos, pero la tristeza y la alegría son afectos estructurales de nosotros, los que nos llamamos humanos. Cada época enferma con sus formas, las funcionales a las dinámicas imperantes, pero lo que es cierto es que existencialmente, sufrimos por lo mismo y no hemos inventado como dejar de hacerlo. Y así vamos, con parches de todo tipo, sin querer ver nuestro agujero, tristes sin decirlo, felices sin disfrutarlo.

La mayor parte de los motivos de consulta a los que me he enfrentado durante estos años en la práctica clínica, tienen que ver con el pedido de ayuda para “no sufrir más”. Sin explicitarlo parto en cada proceso de la premisa de que dejar de sufrir es algo imposible ¿qué clase de superpoder tendría yo para evitar el sufrimiento? Y me propongo entonces transitar juntos la tristeza, abrazarla y asumirla como parte, desdramatizarla, y construir un nuevo concepto de felicidad, menos ideal y más humano, menos comprable y más vivenciable. La apuesta es a reinventar las formas. No le digas a tu amigo que la encare, no le insistas a tu pareja con que salga, no le exijas a tu madre que se ría. No te lo hagas a vos mismo. No temamos tanto a los afectos. Ni a los lindos ni a los feos. No hay sentencias en el universo del sentir. No hay definitivos. ¿Hoy estamos tristes? Estemos tristes. Demosle un lugar, permitiéndole el sentido que nos trae. Para poder poner palabra y a través de ella sanar, tengo que animarme a otorgarle existencia a eso que estoy sintiendo, incluso cuando es tristeza.

Estamos tristes y volveremos a estarlo. Se nos va a seguir exigiendo felicidad y producción, y es este entramado donde devenimos día a día. Estar tristes es estar vivos, es sentirnos y escucharnos, es sabernos imperfectos y querernos. Estar feliz es estar vivos, es sentirnos y escucharnos, es sabernos imperfectos y querernos. Porque estemos tristes o felices, antes somos, y después seguiremos siendo.

*Lic. en Psicología egresada de la Universidad de la República